¿Quién fue José Gregorio Hernández? Fue el «médico de los pobres» de Venezuela

  • El Papa Francisco lo beatificó. Es una figura extraordinariamente popular y muchos creyentes le atribuyen curaciones milagrosas
Guillermo D. Olmo (@BBCgolmo) / BBC News Mundo

Fotoleyenda: José Gregorio Hernández fue admirado por su labor como científico y médico. Foto: Conferencia Episcopal Venezolana.

Viernes 30 de abril de 2021

Muchos venezolanos se llaman José Gregorio, y es por él.

Se le conoce como «el médico de los pobres» y desde hace décadas sus seguidores en Venezuela y América Latina esperaban con ansias su beatificación, que finalmente tuvo lugar este viernes.

La ceremonia fue transmitida en cadena nacional de radio y televisión en Venezuela y se celebró en la Iglesia del Colegio La Salle de Caracas.

La beatificación del médico, docente y filántropo venezolano José Gregorio Hernández fue anunciada el año pasado, cuando la Conferencia Episcopal Venezolana confirmó que el Papa Francisco había dado su visto bueno.

Hernández es una figura extraordinariamente popular en su Venezuela natal, en la que muchos creyentes le atribuyen curaciones milagrosas.

Dalia Correa, jubilada residente en Caracas, le dijo a BBC Mundo lo que significa para ella la figura del ahora beato de la Iglesia católica.

«José Gregorio es mi fortaleza espiritual; sé que está siempre conmigo y he tenido experiencias tangibles de su presencia».

El Papa Francisco autorizó en 2020 los decretos para cuatro nuevos beatos a la Iglesia católica, entre ellos Hernández, una figura extraordinariamente popular en su Venezuela natal, en la que muchos creyentes le atribuyen curaciones milagrosas.

Es tal la devoción que hay por él, que muchas madres venezolanas les ponen a sus hijos el nombre de José Gregorio.

La señora Correa es una de ellas. «La gente le tiene mucha fe», explica, con lágrimas en los ojos.

¿Quién fue José Gregorio?

José Gregorio, como le conocen cariñosamente sus muchos devotos, según sus biógrafos, destacó por sus aportaciones al desarrollo de la medicina moderna en Venezuela, la generosidad con la que atendió a pacientes de bajos recursos y su fe religiosa.

Nacido en la pequeña localidad de Isnotú, en el estado Trujillo, en el centro-oeste de Venezuela, en 1864, pronto destacó en los estudios y fue enviado a Caracas, donde se graduó en Medicina con excelentes calificaciones en la Universidad Central de Venezuela (UCV).

Completados sus estudios, prefirió regresar a su pueblo natal para atender allí a sus pacientes. Los médicos rurales como él tenían que lidiar en la Venezuela de finales del XIX y comienzos del XX con enfermedades como la tuberculosis o el paludismo, muy extendidas entre la población.

Hernández obtuvo una beca para completar sus estudios en París, entonces a la vanguardia de la ciencia médica. Allí conoció avances que llevaría a su país.

Según el padre jesuita Arturo Sosa, «José Gregorio Hernández integra una excelente formación científica en su experiencia espiritual que lo lleva a ponerse al servicio de quien lo necesite, con especial predilección por quienes no se lo pueden retribuir».

El doctor Hernández destacó como docente e investigador, pero lo que le hizo ganar fama entre los sectores populares fue su labor en la consulta, ya que atendía gratuitamente a los enfermos pobres.

Se le atribuye haber introducido el microscopio y haber sentado las bases de la bacteriología y otros campos científicos hasta entonces apenas desarrollados en Venezuela.

El doctor Hernández era también un ferviente católico y por dos veces intentó ordenarse sacerdote.

En 1908 fue admitido en el monasterio de Cartuja de Farneta, en la Toscana, Italia, pero a los pocos meses mostró síntomas de una enfermedad respiratoria que aconsejaron su regreso a Caracas.

Un segundo intento en un seminario romano en 1913 terminó de la misma manera.

Ya asentado en Venezuela desarrolló una amplia labor clínica e investigadora, e incluso completó un tratado de filosofía.

El 29 de junio de 1919 murió atropellado en una céntrica calle de Caracas por uno de los pocos automóviles que circulaban por Venezuela en aquel entonces.

Muerto el médico, nació el mito, y el culto a su figura llega hasta la actualidad.

La Iglesia venezolana llamó el año pasado a los fieles a unirse a una vigilia de oración para celebrar la noticia de la beatificación de José Gregorio Hernández.

Al poco de morir, José Gregorio Hernández comenzó a convertirse en objeto de devoción para muchos en Venezuela.

Su imagen puede encontrarse por todas partes en el país, en carteles, murales urbanos, afiches, etc.

También, junto a las camas de los enfermos y las tumbas de los difuntos, para quienes sus seres queridos reclaman protección.

En muchos hogares venezolanos se adornan figurillas con la imagen del doctor enfundado en un traje de chaqueta, con el bigote y el sombrero negro que todos en Venezuela reconocen al instante.

¿Por qué la beatificación de José Gregorio?

En los últimos años, en las calles de Venezuela habían proliferado los carteles a favor de la beatificación de Hernández.

Paradójicamente, algunas de las formas que adoptó la devoción popular hacia él retrasaron su proceso de beatificación, iniciado en 1949.

En Caracas, se encuentran homenajes al doctor Hernández por diversos puntos de la ciudad.

El doctor Lepoldo Briceño-Iragorry, de la Academia Nacional de Medicina de Venezuela, explica que «en parte del pueblo hay una visión distorsionada de su figura, que se ha asociado con rituales de santería y ha sido aprovechada por algunos charlatanes, lo que hizo demorarse la beatificación».

En zonas populares de Venezuela, Colombia y otros países de América Latina, centros que dicen practicar medicinas alternativas utilizan la figura del doctor Hernández en sus sesiones.

Los milagros del doctor

Son muchos los que atribuyen a los favores de José Gregorio el haber superado graves problemas de salud.

El actor Sócrates Serrano le dedicó en 2019 la producción teatral «Gregory, canal de fe», en la que contaba cómo se acercó a la figura de José Gregorio Hernández después de que se le diagnosticara un cáncer de colon.

«Siempre había tenido una formación muy racional, pero en ese momento descubrí que la ciencia no tenía todas las respuestas. Creo que José Gregorio me acompañó en mi curación».

El expediente vaticano de la beatificación no avanzó hasta que los expertos de la Iglesia determinaron que José Gregorio es responsable de la salvación milagrosa de la niña Yaxuri Solórzano, que recibió un disparo en la cabeza cuando fue asaltada junto a su padre en un caserío del estado Guárico en 2017.

Pese al pronóstico de los médicos, que le auguraban secuelas permanentes si lograban salvarle la vida, la niña se recuperó rápida y totalmente.

Su madre declaró haberle rezado a José Gregorio durante su convalecencia y la comisión eclesiástica que estudió el caso concluyó que el doctor obró la curación desde el cielo.

El legado de José Gregorio

La esquina del caraqueño barrio de La Pastora es hoy el escenario de pinturas e inscripciones en su honor y muchos de quienes pasan por allí a diario se santiguan al hacerlo.

Allí vende cigarrillos para ganarse la vida el ecuatoriano José Pacheco. «Siempre que me duele algo, le pido, y me alivia», cuenta.

El templo donde reposan sus restos se ha convertido también en punto obligado de visita para muchos de sus fieles.

Hombre tanto de fe como de ciencia, José Gregorio Hernández tuvo que sortear algunas de las contradicciones que a veces se han planteado entre ambas.

El doctor Briceño Iragorry le contó a BBC Mundo que «sus convicciones religiosas le hacían mantener las tesis del creacionismo, lo que a veces le enfrentó con su amigo Luis Razetti, otro eminente científico venezolano, pero en su libro ‘Elementos de filosofía’ acaba admitiendo que, aunque Dios creó al hombre, este luego evolucionó».

El padre Sosa destaca, por encima del carácter de médico milagrero en el que se centra la creencia popular, que el doctor Hernández «batalló por hacer ciencia en las condiciones poco propicias» de la Venezuela de su tiempo.

Para Briceño-Iragorry, el camino de José Gregorio fue el de la «santidad dentro de la medicina».

José Gregorio es unánimemente admirado por quienes han estudiado su vida y obras.

Para el historiador Rafael Arráiz Lucca, representa el «arquetipo venezolano del sanador, del hombre bueno de paz, del que cura, del que restablece, del gran hombre de ciencia».

Muchos de los enfermos que hoy le invocan con la esperanza de que les libre de sus males no han leído sus trabajos sobre Anatomía Patológica ni Histología, pero eso no merma un ápice su fe en él.

Hasta el punto de que, en palabras del doctor Briceño, «en Venezuela, cuando el paciente se muere es culpa del médico, pero si se salva es gracias a José Gregorio».

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